Hallo lo inesperado
El Mercurio
Jueves 19 de octubre de 2006
Por Cristián Warnken
LOS MARTES DE TERESA
Del maestro presocrático Heráclito siempre invocamos su frase "Espera y hallarás lo inesperado". ¿Hay otra manera de moverse hoy en el mundo?
Una amiga muy cercana me dice que en estos días, según el calendario maya, energías positivas entrarán en la tierra y generarán inesperados cambios. Admiro la civilización maya, descreo de todo lo que huela a fechas milenaristas, pero le creo a mi amiga, que es una de las mujeres más inteligentes y serias de Chile, y tiene un don absolutamente excepcional para las sinergias. Todos los martes en la mañana nos juntamos, prontos a cumplir con la apretada pauta de trabajo de nuestra curiosa empresa (que no llega a pyme), pero, a los pocos minutos, todo lo planificado se desvanece en el aire, y las noticias y llamados telefónicos entran a nuestra oficina como ráfagas y relámpagos de un azar o sentido que parece querer usarnos de antenas parabólicas. Es agotador y estimulante a la vez. Yo la llamo a ella "Oráculo": no sabemos cómo ni por qué, en el curso de un par de horas , hechos y personas que estaban desconectados y lejanos entran en relación a partir de una llamada telefónica o un correo o una visita. Estamos hablando de alguien a quien necesitamos ver para hacerle una pregunta específica, y ese alguien -sin que lo llamemos- está, a los pocos minutos, tocando nuestra puerta. Recordamos con particular nostalgia a alguien y, al minuto, un llamado nos notifica de su muerte. Y eso sólo como botón de muestra.
A veces hemos llegado a pensar que se ha acelerado la velocidad de los acontecimientos naturales, y que eso hace que ocurran "sincronías" con más frecuencia que antes. Lo relacionamos con la proliferación de huracanes, tsunamis, los cambios climáticos; nada de coincidencias esotéricas ni intervención de fuerzas espirituales, sino, simplemente, exacerbación de energías físicas de un mundo más acelerado y sobreexigido (desde luego, tecnológicamente).
¿O será que siempre estas sincronías han ocurrido, que es más probable que ellas ocurran a que no, que sólo uno ha cambiado y ahora está más sensible a percibirlas? Es posible. Aunque, lógicamente, prefiero seguir pensando que mi amiga es una maga y yo su aprendiz, y que cada martes los cables sueltos vienen a jugar con nosotros, y que, sin forzarlo, un encuentro inesperado se nos regalará sin necesidad de programarlo en nuestra agenda. Esto ha desarrollado en nosotros una suerte de estilo de trabajo extremadamente atento a lo que pueda ocurrir en las horas que vienen, porque a cada minuto todo cambia, "y todo lo sólido se desvanece en el aire"-como anunciara alguien por ahí.
Nos hemos vuelto muy "heraclitianos" con mi socia, y del maestro presocrático siempre invocamos su frase "Espera y hallarás lo inesperado". ¿Hay otra manera de moverse hoy en el mundo? La gente que no desarrolla ese instinto es la que más sufre en estos tiempos, y el que no ha leído a Lao-Tsé es mejor que se quede en su casa.
Agréguese a esto el sello especialmente chileno, esa atávica manera de vivir en la improvisación, esa incapacidad o fobia a planificar, esa dificultad de sostener nada o llegar a la hora. Somos los reyes del alambrito y la poesía. Y-ojo- la poesía tiene que ver con el estar abiertos al azar engendrador. Un poeta francés soñaba con que un "golpe de dados abolirá el azar". Nosotros, en el fin del mundo, ya sabemos que hay que bautizarse en las aguas del azar.
Mi amiga pitonisa se ríe los martes de los que todavía creen en las cosas sólidas -el Estado, los partidos, las academias, los gurúes del "management" que tanto nos visitan- y, mientras se fuma su décimo cigarro del martes, ve con placer deshacerse una voluta de humo en el aire de la mañana, mientras me dice: " Querido socio: esta semana les toca a los mayas". Yo me echo para atrás, miro la inestable primavera por la ventana y me pongo a silbar una canción que me llega no sé de dónde.

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